El tejido de vicuña constituye la fibra animal más cara del mundo disponible en la industria de la moda. La vicuña es un animalito salvaje que habita en el altiplano sudamericano. Su fibra tiene características únicas en la especie de los camélidos que convirtieron a la vicuña en una mercancía de un valor económico increíble. Personalidades como Bill Clinton, Robert De Niro, Donald Trump, Jack Nicholson o Daniel Craig se visten con trajes de fibra de vicuña. Esto nos da una idea de la exclusividad de este tejido.

Su pelaje tan codiciado en todas partes del mundo fue motivo de cazas indiscriminadas que la llevaron al borde de la extinción cuando a mediados del siglo XX solo quedaban 10.000 ejemplares. Afortunadamente, los cuatro países en los que habita la vicuña firmaron un convenio en el que se comprometieron a preservar la especie. Desde entonces, la población de vicuñas ha ido en constante crecimiento.

¿Por qué es tan buscada la fibra de la vicuña?

Este animal habita en Bolivia, Perú, Chile y Argentina a una altura que oscila entre los 3.700 y 5.500 metros. Si bien durante el día la temperatura es alta, al caer el sol baja abruptamente para dar lugar a noches heladas con mínimas por debajo de los cero grados. Debido a las características de su hábitat natural, la vicuña desarrolló un pelaje que la protege de estas condiciones climáticas adversas.

Su pelo es un poderoso aislante térmico: las fibras son tan finas que miden entre 12 y 14 micrones de diámetro, están llenas de aire y son muy mullidas. Poseen escamas que al hilarlas se entrelazan y aíslan el aire helado del ambiente. Son fibras muy sensibles a tratamientos químicos, por lo que no se las tiñe y quedan con su color marrón claro natural.

Esa tonalidad canela clarita está en la parte dorsal y lateral del cuerpo, en el cuello y en la porción posterior de la cabeza. El pecho, vientre, la parte interna de las piernas e inferior de la cabeza son blancos. Un traje de vicuña adquiere estas tonalidades pardas naturales.

El chaku o captura multitudinaria

La bióloga Bibiana Vilá, experta en el estudio de las vicuñas, se asentó en un pueblo del norte argentino llamado Santa Catalina para estudiar en qué consiste esta captura masiva. El chaku viene de la época en la que los Incas eran los dueños de la tierra y fueron transmitiendo de generación en generación esta práctica milenaria.

Aunque en aquellos tiempos los tejidos de vicuña eran para los estratos sociales más altos, se las mataba para que el resto del pueblo comiera de su carne. En la actualidad, solo se permite la esquila para comercializar su fibra porque es una especie protegida por ley.

Cada tres años, el pueblo entero se reúne con un mismo objetivo: participar del rodeo de vicuñas. La gente va caminando y cercando a los animales con sogas que tienen colgadas cintas de colores. De esta manera, las vicuñas son reunidas en un corral para esquilarlas. Si bien esto se hace en Chile, Bolivia, Perú y Argentina, en Santa Catalina se le extrae sangre, se las revisa y se las censa. Finalmente, se las devuelve a la naturaleza, ilesas y controladas.

La vicuña: ¿animal del altiplano o commodity?

Para algunos, la vicuña tiene un valor para el ecosistema del altiplano sudamericano y es vista como una especie de camélido muy valiosa desde el punto de vista de la fauna regional. Para otros, en cambio, la vicuña se mide en términos de kilos de fibra lo que lleva a una monetización del animal.

En este sentido, la firma del convenio de conservación que mencionamos más arriba fue clave. El primer artículo de dicho documento establece que el beneficio económico que aporta el pelo de la vicuña debe ser para el poblador local. Esto generó un sentido de pertenencia muy fuerte entre los habitantes del lugar que los motivó a trabajar en su preservación.

De esta manera el aspecto comercial y conservacionista de las vicuñas se fusionan y dan como resultado un uso sostenible de los recursos naturales de una región. Cuando el poblador del altiplano se siente verdaderamente dueño, el panorama cambia y tiene un interés genuino en conservar su fuente de ingresos.

¿Por qué es tan costoso el tejido de vicuña?

  • Una sola vicuña produce solo 200 gramos de fibra en tres años. El pelo es muy cortito y fino, por lo que hilarla es muy difícil.
  • Las fibras textiles de estos camélidos silvestres constituyen solo el 0,006% del total de la oferta mundial. 
  • Un kilo de lana de vicuña cuesta lo mismo que dos toneladas de lana de ovino andino.
  • Solo cuatro toneladas anuales se exportan a Italia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos.
  • El kilo de fibra sin procesar se vende entre US$300 y US$500 (de 250 a 420 euros), dependiendo de la calidad de la fibra obtenida.
  • Un chal confeccionado con hilo de vicuña puede costar más de US$2.229, lo que lo convierte en una prenda de lujo.
  • Una chaqueta ronda los 20.000 euros, mientras que un traje, los 31.000 euros. Comprar un traje de vicuña hecho a medida en Madrid es un lujo exclusivo al que podéis acceder en el atelier de Cravati.

Conclusiones

En la actualidad sabemos que el tejido de vicuña se obtiene de forma legal, que no se daña ningún animal en la esquila, que los beneficios económicos son para los habitantes del lugar donde viven las vicuñas y que no hay explotación de ningún tipo. Por todos estos motivos y por la excelencia que perseguimos en nuestras confecciones decidimos trabajar con este tejido de vicuña tan delicado y exclusivo.

Desde Cravati tenemos una postura muy clara con respecto a los tejidos con los que trabajamos: deben ser genuinos y su fabricación no debe dañar el medioambiente bajo ninguna circunstancia. Somos conscientes de que el ecosistema de la tierra pende de un hilo y desde nuestro taller queremos hacer nuestro aporte para colaborar con el cuidado de nuestra madre tierra.